De niña crecí rodeada de dos idiomas en casa: el español de mi madre y el inglés de mi padre. Además, tuve la suerte (aunque en aquel momento no siempre lo percibiera así) de vivir mi primera infancia en un entorno de habla inglesa y, a partir de los 9 años, en uno de habla española.
He tenido el entorno ideal para que mi bilingüismo en ambos idiomas floreciese de la forma más natural y sólida. A la edad de los 12 años, podía entender y expresarme perfectamente en ambos idiomas.
Mi experiencia personal es, sin duda, un ejemplo de entorno ideal para que dos idiomas broten y se desarrollen simultáneamente. Sin embargo, esto no significa que sean las únicas condiciones para que los niños y niñas puedan adquirir de forma satisfactoria un segundo idioma desde el hogar, ni mucho menos. Tampoco es necesario que uno de los progenitores sea nativo de ese mismo idioma que se quiere enseñar.
Aunque el proceso sea más lento y el crecimiento más gradual, la exposición a una L2 o L3 en el hogar, siempre y cuando se haga de la forma adecuada y consistente, puede ayudar a nuestros peques a dominarlas.
Hablar dos idiomas de forma fluida es sin duda una ventaja evidente con la que podrían contar los peques de la casa. A veces no lo parece, especialmente en las primeras etapas, cuando mezclan idiomas o da la sensación de que les falta vocabulario en uno u otro. Sin embargo, si algo nos muestra la evidencia científica es que el bilingüismo constituye un auténtico activo para la vida de nuestros hijos.
Antes de continuar, quiero hacer un pequeño disclaimer. No pretendo poner en el punto de mira a las madres y padres que deciden no promover el bilingüismo en casa, ni mucho menos generar culpa en familias monolingües. Es evidente que cada familia hace lo que puede y considera mejor según su contexto. Si no estás interesado, no pasa nada, significa simplemente que este post no es para ti.
Como maestra y educadora, mi objetivo con este post es abordar el tema desde la información y ofrecer herramientas para que quien lo desee pueda acercar un segundo idioma a sus hijos de una forma sencilla y efectiva. Este post es para aquellas familias que sí quieren incorporarlo en sus rutinas.

Ventajas del bilingüismo en la primera infancia
Si estás leyendo este artículo, seguramente ya sabes que aprender un segundo idioma desde pequeño trae grandes beneficios. No me demoraré, por tanto, en est apartado. Aun así, merece la pena repasar algunos de los más importantes que la investigación ha identificado, para entender cómo puede impactar positivamente en el desarrollo de tus hijos.
- Desarrollo de funciones ejecutivas (atención selectiva, flexibilidad cognitiva y control de impulsos) [1,2].
- Sensibilidad al lenguaje: no solo mejora el desarrollo lingüístico, sino que también ayuda al niño a percibir de forma más activa los elementos que rodean un idioma. Esto facilita otros hitos como la conciencia fonológica y estructural, la metalingüística y la capacidad de interactuar con el idioma de manera más efectiva [1].
- Mejora atención y memoria, habilidades clave para el aprendizaje general y la vida diaria… [1]
- Mayor flexibilidad social y adaptación a diferentes entornos: aunque depende del temperamento y personalidad de cada niño, esta habilidad permite leer mejor las señales sociales y desarrollar inteligencia interpersonal [1,2].
- Mayor empatía y sensibilidad cultural: el contacto con más de un idioma fomenta la comprensión de diferentes perspectivas y culturas, promoviendo empatía y habilidades sociales avanzadas. [1]
Si te interesa profundizar en este tema y que te desarrolle más las ideas, no dudes en escribirme un comentario o mandarme un email a indianlioneducation@gmail.com.
Hogar bilingüe
Existen muchas formas de criar hijos bilingües: inmersiones lingüísticas dentro o fuera del país, campamentos de verano, colegios internacionales… Pero si lo que quieres es un hogar bilingüe, es decir, trabajar la segunda lengua desde casa, también tienes varias opciones.
Una de las más habituales es contratar un au pair, alguien que hable el idioma que quieres que tus hijos aprendan y que viva e interactúe con ellos en esa lengua. De esta forma, el niño aprende mientras tiene una interacción genuina y natural.
Otra alternativa muy efectiva es el método OPOL (One Person, One Language). Si tú o tu pareja domináis bien la L2 o sois nativos, este método es perfecto para vosotros: cada persona habla solo un idioma con el niño, permitiendo que el aprendizaje sea tan natural como tener dos lenguas maternas. Puedes seguir interactuando con tu pareja en el idioma de siempre, conviviendo así 2 o más idiomas en casa.
¿Por qué creo que tenéis que dominar la lengua? No se trata solo de que pronuncies bien o que te sepas la gramática al dedillo. La razón principal es la conexión emocional con tu hijo. Este método requiere que todas las interacciones que tengas con tu peque sean en esa lengua, por lo que necesitas suficiente fluidez para expresar afecto, cercanía y cariño. Aprender un idioma es importante, pero lo fundamental es que el niño sienta esa conexión profunda contigo. Piensa que un idioma siempre puede aprenderlo, la conexión con su familia hay que cultivarla todos los días.
Si eliges OPOL, procura también que tu hijo tenga exposición al idioma fuera de casa: amistades que hablen la L2, familiares, talleres, sesiones de cine… Todo esto refuerza lo que aprende en casa y trata el idioma de forma más contextualizada.
Y si ambos padres sois nativos de la L2 (entendiéndose como la lengua que no se habla en el país donde vivís), existe otra opción: ML@H (Minority Language at Home). Aquí, en casa se habla mayoritariamente la L2, lo que asegura un entorno consistente para el desarrollo bilingüe.
Y, puede que ahora me digas: “Giovanna, no soy bilingüe y no estoy segura de dominar la lengua con la misma soltura que en mi idioma materno…” No pasa nada, I’ve got you. Hay alternativas para trabajar la exposición a una L2 en casa incluso si no dominas la lengua al 100%. ¡Sigue leyendo!

10 Propuestas y consejos para un hogar multilingüe
Si no dominas tan bien el segundo idioma, pero quieres seguir trabajando con tus hijos y formar parte activa en su aprendizaje, no te preocupes. Todavía puedes introducir y practicar un segundo idioma en casa y lograr muy buenos resultados. La clave está en planificarlo y organizarlo de forma estratégica. A continuación, te doy 10 propuestas y consejos para que trabajes un segundo idioma desde tu hogar.
1. Fake it till you make it: Supera la incomodidad.
Muchas familias se sienten extrañas al hablar en un idioma que no están acostumbradas a usar en casa. Es completamente normal. Mi mensaje principal es: confía en el proceso.
Una vez superada esa incomodidad inicial, verás que este enfoque da resultados reales. El objetivo es justamente eso: ir dejando atrás la sensación de rareza mediante consistencia y práctica, hasta que la L2 comience a salir de manera natural en los contextos en los que quieras usarla. Ponte objetivos diarios para usar la L2 en casa, y poco a poco ve aumentando el tiempo de uso hasta que lo sientas más natural.
2. Normalízalo
Normalizar una segunda lengua en casa significa integrar el idioma en la vida diaria de forma natural. Cuando el idioma forma parte de tus interacciones habituales, deja de sentirse “extraño” o artificial y pasa a ser parte del entorno del niño.
Como en el apartado anterior, ve poco a poco introduciendo el idioma en conversaciones sencillas del día a día: saluda por la mañana con un “Good morning”, nombra objetos de la casa en L2 (“Look, this is a chair”), usa expresiones graciosas como “oh noo!” si se cae algo, comenta acciones durante las rutinas (“Let’s brush our teeth”) o usa vocabulario suelto en diferentes momentos del día. Esto se hace más sencillo si decides hacer las rutinas cotidianas, como las comidas, el baño, pasear o vestirse tu momento de exposición a la L2.
También puedes pensar en actividades relacionadas con sus intereses donde el idioma forme parte de algo que ya les gusta: cocinar juntos y nombrar ingredientes en L2, escuchar música durante el juego o podcasts en los desplazamientos, o comentar lo que ocurre durante una caminata mientras señalas elementos del entorno en el idioma objetivo. Este tipo de micro interacciones cotidianas contribuyen a que los niños perciban el idioma como algo útil y conectado a la vida real, no solo como un ejercicio aislado.
Pero, si decides que el momento de la L2 sea un período de tiempo más limitado, como solo después del cole o justo a la hora del desayuno, entonces seguiremos un poco la misma dinámica en esa franja de tiempo más limitado: lo haremos natural, sin forzar al niño a contestar en inglés si no queire.
Aunque elijas esta última opción, es importante que los niños vean el segundo idioma en su entorno físico también: coloca materiales visuales alrededor de la casa como pósters, tarjetas ilustradas, etiquetas con nombres de objetos o pequeñas señales con frases útiles siempre a su altura visual, para que puedan relacionar lo que ven con las experiencias reales. Etiquetar cosas cotidianas ayuda a reforzar el vocabulario en contexto y favorece la memorización activa.
Crear un ambiente lingüístico rico no significa saturar ni forzar; se trata de integrar la L2 en la cotidianidad de manera natural, divertida y progresiva, para que el idioma deje de ser algo “extra” y pase a ser parte de su mundo cotidiano. Cuando la L2 está presente en múltiples momentos y contextos, los niños se acostumbran a ella sin presiones, facilitando la internalización del idioma y el crecimiento de su confianza para usarlo.
3. Fórmate antes de hacer
Antes de empezar a enseñar un segundo idioma en casa, es recomendable formarte un poco. No hace falta ser un experto: tener nociones básicas de vocabulario, expresiones y pronunciación hará que la interacción con tus hijos sea más natural y efectiva.
Aprender junto a ellos también puede ser divertido y motivador: los niños ven que aprender un idioma es algo que hacemos todos, no solo ellos. Observan y aprenden mucho de sus padres, así que si no tienes un nivel alto, no te preocupes. Lo fundamental es la actitud y la motivación. Puedes investigar nuevas palabras, practicar frases juntos y celebrar cada pequeño logro, transmitiéndoles confianza y entusiasmo para seguir aprendiendo.
Hoy en día hay muchos recursos fáciles y accesibles: cursos cortos online, apps para padres, vídeos explicativos, libros de crianza bilingüe o canales educativos en YouTube. La idea es sentirte cómodo para comunicar afecto y cercanía en la L2, mientras creas un entorno de aprendizaje constante, seguro y divertido. En este post explico las estrategias que considero más importantes para cuando estás dando clases de inglés como profe en un cole, pero creo que muchas de ellas son útiles también para casa con nuestros hijos: Estrategias clave para enseñar inglés.
4. Crea un rutina
Establecer un horario fijo o una rutina para practicar un segundo idioma en casa puede marcar una gran diferencia en cómo los niños aprenden. Cuando los peques saben que, todos los días, o el fin de semana, después del cole, hay un momento específico dedicado a la segunda lengua, empiezan a ver ese idioma como una parte normal del día, no como algo extraordinario u opcional. Las rutinas ayudan a [1,2,3,4, 5, 6]:
- Previsibilidad: Los niños saben qué esperar y cuándo, lo que reduce la resistencia y fomenta la participación.
- Repetición: El aprendizaje de un idioma se beneficia de la repetición, y las rutinas generan oportunidades naturales de reencontrarse con las mismas palabras y estructuras varias veces.
- Memoria y hábitos: La práctica regular fortalece la memoria y convierte el uso del idioma en un hábito, facilitando que los niños recuerden y usen lo que aprenden.
- Menos presión: Al tener un momento dedicado, el aprendizaje deja de ser una “prueba” y pasa a ser parte de la vida, lo que ayuda a los niños a sentirse relajados y más dispuestos a experimentar con la lengua.
Por eso, es recomendable establecer un horario fijo, para que los niños sepan que ese momento está destinado a practicar inglés (o tu L2). Esto ayuda a crear un hábito que se mantenga en el tiempo y les da seguridad: saben cuándo van a escuchar e interactuar en ese idioma.
Si no estás seguro de cuál es el mejor momento del día para vosotros, puedes aprovechar las rutinas diarias naturales que ya existen. Por ejemplo: lavarse los dientes, el desayuno o vestirse. Son momentos en los que las acciones son siempre las mismas, lo que permite repetir frases similares, ayudar a tus hijos a reconocer palabras y acostumbrarse al idioma poco a poco.
Además, puedes introducir canciones que acompañen la actividad o colocar ayudas visuales en los lugares donde ocurren esas rutinas, para señalar objetos y reforzar la comprensión de manera divertida y concreta.
La constancia es fundamental para que el aprendizaje sea efectivo. Dedica al menos 15-20 minutos diarios a actividades en inglés, puedes comenzar con palabras sueltas, algunas frases sencillas, con canciones o cuentos…

5. Crea un ambiente bilingüe
El siguiente paso es convertir tu hogar en un espacio donde el segundo idioma esté presente de forma natural. Rodear a tus hijos del idioma durante el día puede facilitar una inmersión gradual y constante, sobre todo en el momento en el que vamos a hacer nuestras sesiones de la L2. Algunos recursos útiles son:
- Música en la L2: canciones infantiles, listas de reproducción o cantos para que los niños escuchen y repitan ritmos, vocabulario y estructuras sin presión. La música favorece la memoria y la familiaridad con los sonidos, pero recuerda también poner música que nos guste a nosotros, no lo limitemos solo a la infantil.
- Dibujos animados y series adaptadas por edad: Ver contenidos pensados para su nivel proporciona exposición comprensible.
- Lectura regular en L2. Y si tienes una estantería para hacer tu biblioteca bilingüe, ¡mejor que mejor!
- Un rincón bilingüe en casa: Designar un espacio en el salón o en su habitación como “zona L2”, con posters, tarjetas ilustradas, letras del alfabeto, materiales visuales en la segunda lengua, juguetes o un casete con música en la L2…
Estos recursos no solo hacen que los peques escuchen el idioma con más frecuencia, sino que también apoyan lo que la investigación en adquisición de lenguas llama “input comprensible”. Esta exposición repetida y significativa ayuda a que el oído se acostumbre a los sonidos y patrones del idioma, y a que se internalicen progresivamente sin necesidad de traducciones constantes.
Crear un ambiente lingüístico rico no significa saturar o forzar: se trata de integrar la L2 en la vida cotidiana de forma natural, divertida y progresiva, para que el idioma deje de ser algo “extra” y pase a ser parte de su mundo.
6. Usa un lenguaje apropiado
Cuando comencemos nuestras sesiones en casa, queremos empezar despacito y con buena letra, siguiendo estos principios básicos:
- Habla despacio y utiliza un lenguaje sencillo. Modela el idioma para tu hijo usando un ritmo natural pero más pausado. No se trata de sonar como un robot, sino que aislemos las palabras bien al principio, para facilitar la escucha, tal como harías en tu lengua materna.
- Siempre que puedas, acompaña con gestos y expresiones faciales. Los movimientos, mímicas y señales visuales facilitarán la comprensión, la adquisición y mantendrá la atención en lo que estás comunicando.
- Repite frases similares con frecuencia, para que pueda asimilar significados, memorizar las palabras, fonemas y estructuras, y contextualizar propósitos del uso de las frases.
- Valida sus intervenciones. Una vez que comience a producir esa L2, repite lo que dice para mostrar que has comprendido lo que dice. De esta forma se motivará a producir más
- Haz preguntas sencillas con opciones limitadas, y mejor si solo son dos opciones al principio. Recuerda acompañarlo de gestos, imágenes o realia para facilitar la comprensión y pueda contestar adecuadamente. Por ejemplo: “do you want an apple or a banana?” mientras señalas una fruta o la otra.
Por último, adapta el vocabulario a sus intereses. Aprender será más fácil y divertido si lo que estudian tiene que ver con sus gustos y actividades favoritas. Si les gustan los animales, por ejemplo, enfócate en aprender palabras sobre mascotas, animales de granja o salvajes.
7. Crea momentos memorables
Aprender jugando es, sin duda, la mejor manera de aprender un L2. El juego los mantiene motivados, fomenta la participación activa y ayuda a retener el vocabulario de manera natural.
Puedes jugar a juegos que ya conocen como el escondite (contando en inglés, “ready or not here I come”), juego de memoria con tarjetas para trabajar vocabulario, el veo veo, etc.
Anímate a hacer una receta rica en la cocina con ellos, haciendo el paso a paso en el idioma objetivo, o una manualidad. O simplemente, juego simbólico con sus juguetes de animales, o coches.
Otra estrategia muy efectiva es cantar canciones infantiles en inglés. Las rimas y melodías facilitan la memorización y la repetición natural del vocabulario. Canciones clásicas como “Banana song” o “Head, Shoulders, Knees and Toes” son ideales para los más pequeños y se pueden complementar con gestos, movimientos y dramatizaciones para reforzar la comprensión y la diversión. Si quieres una lista de canciones en ingles Movement based, tengo unas muy chulas en este post: Canciones en inglés.
Incorporar la L2 de esta manera convierte el aprendizaje en algo natural, entretenido y memorable, en lugar de una obligación o ejercicio repetitivo.
8. Busca experiencias concretas
Siguiendo la línea de los momentos divertidos, otra estrategia muy efectiva es ofrecer experiencias concretas en la L2 y repetirlas regularmente. Cuando los niños reconocen situaciones, historias o canciones conocidas, se sienten más seguros y conectan mejor con el idioma.
No es necesario tener mil cuentos, o trabajar una canción nueva cada semana, especialmente cuando son más pequeños. No es cuestión de sobreestimularles. Con trabajar uno o dos bastante bien, será suficiente. Normalmente, cuando son pequeños, ellos mismos piden esa repetición, que a veces incluso nos exaspera, pero para el aprendizaje de una L2 es lo mejor. Cuando veamos que pierden interés podemos cambiar sin problema.
La repetición de estas experiencias ayuda a crear asociaciones fuertes entre palabras y contexto, facilitando que los niños recuerden el vocabulario y lo utilicen de forma espontánea.
Otro objetivo importante para los adultos es buscar oportunidades de práctica con hablantes nativos. Si tienes la oportunidad, permite que tus hijos interactúen con personas que hablen inglés como lengua materna. Puede ser a través de clases online, talleres bilingües en tu ciudad, clases presenciales…
Estas experiencias enriquecen el aprendizaje y mejoran la comprensión oral y la pronunciación de manera natural. Estarán aprendiendo, además, a entender la lengua en contexto, ver su utilidad y escuchando otros acentos y pronunciación.
9. Relax, take it easy
Aprender un idioma implica equivocarse. Los niños, por naturaleza, no temen equivocarse cuando aprenden, sin embargo a medida que crecen, las ideas culturales y las reacciones de los adultos pueden inculcarle miedo al error.
Por este motivo, es importante crear un ambiente donde se sientan cómodos para practicar sin miedo a fallar. Corrige suavemente si es necesario (a veces, no lo es) y fomenta que intenten expresarse libremente: la confianza es clave para que sigan motivados y continúen avanzando.
Tampoco hace falta que tú lo hables perfecto. Muchos padres se bloquean pensando que “no tienen buen inglés”, ¡pero eso no importa! Lo esencial es generar exposición al idioma, y además, estás aprendiendo junto a ellos. Prepárate bien antes de enseñar, infórmate, lee y escucha, pero también permítete equivocarte: el beneficio de tus sesiones bilingües siempre superará cualquier error ocasional, y siempre serán mejor que te animes a hablarles en inglés que no hacer nada.
Recuerda: enseñar una L2 en casa no se trata de hacerlo perfecto, sino de hacerlo posible. Con pequeñas rutinas, juegos, canciones y frases diarias, tus hijos pueden aprender inglés de forma natural. Lo único que necesitas es constancia y ganas de divertirte con ellos.

10. Have fun
No centres todo en el aprendizaje. Deja hueco para la impulsividad, la novedad y la diversión.
Para que un segundo idioma se integre de verdad en la vida familiar, es importante que también esté presente en momentos de disfrute genuino, más allá del tiempo “formal” de práctica. Que tus hijos te vean cantar canciones en ese idioma mientras cocinas, reírte con una película o serie, luchar contra un boss mientras juegas a la play, leer por placer o escuchar un pódcast que te interese sin que acabe en una lección de lo importante que es aprender idiomas, es una muestra en sí misma de cómo puede aportarnos bienestar usar otro idioma.
Y, sobre todo, permítete jugar con el idioma sin ningún objetivo didáctico. Puedes hacer voces divertidas, inventar palabras absurdas, exagerar expresiones, decir rimas sin sentido o simplemente ser un poco “tonto” en la L2. El humor y la espontaneidad reducen la presión y transmiten un mensaje muy poderoso: el idioma no es solo algo que se estudia, sino algo con lo que se puede jugar, reír y disfrutar.
Cuando el adulto se divierte usando la L2, incluso cometiendo errores, el niño entiende que el idioma forma parte de la vida real. No es una obligación ni una prueba, sino una herramienta para expresarse, conectar y pasarlo bien.
Para acabar…
…enseñar inglés a tus hijos desde casa es posible si integras el idioma en su vida diaria de forma natural, divertida y constante. No necesitas ser un experto ni dedicar horas interminables: con paciencia, creatividad y dedicación, tus hijos podrán desarrollar una base sólida en inglés que les será de gran ayuda en el futuro.
¿Estás tratando de convertir tu casa en un hogar multilingüe? ¿Qué estrategias o técnicas usas? ¡Te leo en los comentarios!


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