Los neuromitos designan aquellas creencias relativas al cerebro humano que han sido erróneamente interpretadas. Concretamente en el campo de la educación, los neuromitos son creencias no contrastadas científicamente acerca de teorías del aprendizaje. El tema es importante porque algunos se han tomado como base para planificar la labor docente y el proceso enseñanza-aprendizaje.

Los maestros tratamos de estar al día con las nuevas metodologías y la innovación educativa. Existen muchas teorías bonitas acerca de la educación, que nos pueden seducir y parecer buenas prácticas para el aprendizaje. En varias ocasiones, llevamos al aula dichas prácticas sin comprobar si tienen una base científica o beneficios contrastados para nuestros alumnos.

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Según recientes investigaciones, la práctica docente basada en estos neuromitos está creciendo notablemente. Por eso hoy voy a hablaros de los neuromitos en educación, de algunas concepciones erróneas que se tienen acerca del aprendizaje y de las prácticas derivadas más frecuentes.

1. Estilos de aprendizaje

Este es uno de los neuromitos educativos más extendidos entre los docentes (¡incluso se estudia en la carrera de Magisterio!). Catalogar a los alumnos como kinestésicos, visuales o auditivos, según el sistema más extendido, el sistema VARK, es una práctica muy común sobre todo en aquellos colegios con metodologías innovadoras.

Lo que aquí se afirma es que aquellos alumnos que aprenden a través de su modalidad preferida, obtienen mejores resultados y asimilan mejor la información que aquellos que no lo hacen. Una hipótesis con gran poder de atracción.

No obstante, a día de hoy, no se ha podido demostrar científicamente la efectividad del sistema VARK. Los estudios que han puesto a prueba esta teoría, no han encontrado ninguna relación entre los estilos de aprendizaje con la obtención de mejores resultados académicos.

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¿Qué hay de perjudicial en este neuromito?

A pesar de no existir evidencias de su efecto positivo sobre el alumnado, se siguen clasificando a los alumnos según un estilo de aprendizaje. En principio, esta práctica puede parecer inofensiva. Sin embargo, al «encasillarlos» estamos limitando sus oportunidades de aprendizaje e interferimos en su autoconcepto como estudiante. Además, es un enfoque que requiere para su implementación mucho tiempo y recursos, una inversión de energía que ni siquiera ha podido demostrar lo que promete.

¿Qué verdad se esconde detrás?

Este mito no aparece de la nada. Hay cierta verdad tras esta metodología de aprendizaje: la ciencia sí respalda que presentar el contenido a través de distintos canales, muestra beneficios en el proceso enseñanza-aprendizaje. Al presentar el contenido de distintas formas, permite que se registre mejor.

Siendo así, podemos encontrar diversos estudios que apoyan el aprendizaje multimodal como forma óptima de acceder al conocimiento. Aprendemos de nuestro entorno a través de los sentidos, y utilizarlos todos en el aula puede ser clave para aprender de forma significativa.

Siendo así, el aprendizaje multimodal no implica que estemos atados a un solo estilo de aprendizaje, sino que TODOS debemos beneficiarnos de la variedad en metodologías para aprovechar al máximo nuestras capacidades como seres humanos.

2. Las niñas aprenden de forma distinta que los niños

Este neuromito afirma que las capacidades de los niños y las niñas son distintas y, por tanto, han de aprender de forma distinta. Se cree que las niñas son mejores en el área del lenguaje y los niños en las áreas más técnicas, como matemáticas y ciencias. Asumiendo este neuromito, las estrategias de aprendizaje y las expectativas cambiarán según el sexo del alumno.

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¿Qué hay de perjudicial en este neuromito?

Este mito impacta de forma negativa el desarrollo de capacidades de los niños y niñas en los colegios, creando diferencias en la educación recibida y los roles sociales que adquieren.

Los alumnos son conscientes de las expectativas que las familias, profesores y sociedad, en general, tienen de ellos. Tanto es así, que influye en el autoconcepto y en el rendimiento escolar. En esta línea, la cultura está fuertemente vinculado a los resultados académicos tanto de niños como de niñas. En países en dónde el acceso a la educación es más limitada, el rendimiento en matemáticas, por ejemplo, es más homogéneo.

¿Qué verdad se esconde detrás?

Es cierto que el sexo femenino y masculino muestran diferencias entre sí: los procesos biológicos que experimentan no son los mismos. No obstante, estas diferencias son más pequeñas de lo que nos dicen los mensajes más extendidos del ámbito académico: las capacidades cerebrales son más similares que diferentes (estudio).

Al tratarse de un tema que se discute continuamente, hay mucha evidencia científica a favor de que son mucho mayores las cosas en común que las diferencias. Cuando se exponen a niños o adultos de ambos sexos a la misma formación, suelen presentar resultados similares en los tests realizados posteriormente.

En definitiva, aunque existen diferencias entre ambos sexos, no son tan grandes como se pensaba antiguamente. La brecha existente entre el rendimiento de hombres y mujeres podría ser resultado de estrategias de aprendizaje distintos o expectativas sociales.

3. La cuenta atrás de los 0-3 años

El mito de «los tres años» también está bastante extendido. Consiste en la creencia de que la trayectoria del desarrollo neuronal está ya predeterminada cuando el niño cumple los tres años.

Según esta creencia, desde el nacimiento del niño hasta los 3 años, el cerebro del niño está en un período crítico e irrepetible de crecimiento. Por ese motivo, el niño ha de ser expuesto a un sinfín de estímulos para asegurar un desarrollo neuronal óptimo el resto de su vida.

Esto conduce a una gran presión bajo para las familias, que se angustian por exprimir este periodo, comprando todo tipo de juguetes educativos, crear situaciones estimulantes constantemente e invertir dinero en costosas actividades, pensando que el tiempo entre 0-3 será irrecuperable.

Sin embargo, la ciencia nos dice que las cosas no son así. El cerebro humano y el desarrollo de habilidades sigue en constante construcción tras los 3 años, y merece atención en cada escalón del estadio de la vida (estudio). La mejor creencia que podemos adoptar es la de aprovechar la capacidad de nuestro cerebro de aprender a cualquier edad.

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¿Qué hay de perjudicial en este neuromito?

En principio, puede parecer un mito inofensivo. Pero puede convertirse en un problema cuando sobreestimulamos al niño. Haciendo caso al neuromito, creeremos que cuantas más actividades y clases reciba, cuanto más ocupado esté, más beneficioso será para su futuro.

Aunque es cierto que es beneficioso para el niño estar en un entorno estimulante, es igual de importante que tenga tiempo de calma para explorarse a sí mismo, a su familia y a su entorno siguiendo sus propios ritmos.

¿Qué verdad se esconde detrás?

La verdad tras este mito es que la etapa de los 0-3 es muy importante en el desarrollo del niño, puesto que en ella ocurren muchos hitos importantes de su vida y su cerebro tiene una actividad increíble.

No obstante, con el vencimiento de esta etapa, no llega el fin de su aprendizaje o desarrollo, ni mucho menos. De hecho, durante la adolescencia y alrededor de los 25 años de edad, el ser humano vuelve a pasar por otros períodos similares de desarrollo. No todo queda «en manos del destino” tras cumplir tres años.

Moraleja: invertir en educación y en experiencias siempre será bueno, tengamos dos o veinte años.

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En conclusión…

La idea de que solo utilizamos un 10% del cerebro, o que podemos ser catalogados como «predominantes» del hemisferio izquierdo o derecho, son otros de los neuromitos que se extienden popularmente, junto a estos tres analizados.

Las metodologías y técnicas de estudio que aprendemos en la escuela configuran las que utilizamos de adolescentes y adultos, además de tener un rol importante en la formación de nuestra identidad. Por eso es tan importante basar la enseñanza en evidencia científica y métodos efectivos, no en creencias, por muy bonito o romántico que presenten el aprendizaje humano.

El papel del maestro es mantener una mirada crítica hacia la utilización de las metodologías que van emergiendo.  Necesitamos tener claro qué funciona y qué no en el aula, qué estudios lo apoyan, y qué puede entorpecer el progreso de los niños. Enseñemos a nuestro alumnado a ser crítico siéndolo nosotros también.

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